El tiempo dejo de correr de la forma que habitualmente lo hace, un eternidad se vive cada segundo que pasa, y con él, el vacío que provocaba su ausencia va en aumento.
Vivir de su recuerdo se ha convertido en mi sustento, y en el olvido es lo que trabajo. Un día como cualquier otro, fue el inicio de mi increíble e irreal interés por esa doncella.
Miles de palabras lograron ser formuladas y dichas en nombre de ella, cientos de suspiros robados en su honor, pensamientos vagos y que solo decían su nombre es lo que me sostenía de pie. ¿Acaso esto es a lo que le llaman “locura”?
Derramar lágrimas en honor a alguien, descubrir que las rosas a pesar de ser tan hermosas son capaces de sacar sangre, saber que el infierno y paraíso se viven en la tierra y en nuestro mundo llamado “imaginación”. Saber que es posible sentir un torbellino de sentimientos solo por pensar y recordar su nombre, descubrir que a pesar de ser un mortal, se puede llegar a pelear a nivel de dioses.

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